Ruta de un ilegal
La ilegalidad en el servicio público de transporte terrestre automotor pone en riesgo no solamente la vida de los usuarios, sino también a las empresas legalmente habilitadas para la prestación del servicio.





La ilegalidad en el servicio público de transporte terrestre automotor  pone en riesgo no solamente la vida de los usuarios, sino también a las empresas legalmente habilitadas para la prestación del servicio.

 
Son las 11 pm del viernes 12 de agosto de 2016 y a pesar de acosar al conductor del taxi en el que se movilizaba, María no logra llegar a tiempo a La Terminal de Transporte de Bogotá. Está inquieta porque teme perder la reserva del tiquete que tiene para viajar a las 12 am del sábado 13 de agosto a la ciudad de Neiva.  Al llegar a la terminal ya son las 11.10 pm, pero es tarde: se ha levantado la reserva del tiquete y vendido a otro pasajero. 
 
Es fin de semana, con puente festivo incluido y numerosos pasajeros llagan a esta terminal para viajar a diversos lugares del país. María viaja repentinamente de Bogotá a Neiva porque su madre ha sido llevada de urgencias a un centro hospitalario de dicha ciudad y su propósito es viajar como sea.
 
Al preguntar por un cupo en las taquillas de las empresas que prestan el servicio público de transporte terrestre automotor a Neiva, la respuesta es una: “todo está vendido, pero hay tiquetes disponibles para las 7 AM”. Ella se niega a comprarlo porque sabe que por ser puente, muchos vehículos transitarán por la Autopista Sur en la ruta que de Bogotá conduce a Melgar, la cual se torna muy congestionada, al extremo que desde el municipio de Soacha al primer peaje de Chuzacá, el trancón puede durar hasta más de 2 horas y media, y en consecuencia los 290 kilómetros de distancia que hay entre Bogotá y Neiva se recorrerán en mucho más de 6 horas.
 
Cuando María piensa en su dilema; querer viajar y no poder hacerlo a la hora que tenía prevista, justo al lado de las taquillas del Módulo 1 de La Terminal, un par de personas anuncian transporte a Neiva.  Ella se acerca y les pregunta qué empresa viaja y a qué horas salen? Ellos le replican: es Cootransfusa y salimos a la 1 am. Me interesa! Exclamó María y entonces se dirige, con las dos personas que le han ofrecido el servicio, a la puerta de acceso al vehículo con placa SMB-756 de Fusagasugá que está en la plataforma.  María observa con detenimiento a varios pasajeros que están delante de ella, haciendo fila para pasar la puerta de acceso al vehículo, mientras otros tantos están en el vehículo listos para viajar.
 
Dónde compro el tiquete? Pregunta María con cierta curiosidad al hombre antes de ir a la plataforma. “No se preocupe, no es necesario que le hagan un tiquete, pague 70 mil pesos, ubíquese en cualquiera de las sillas disponibles y listo, ya nos vamos”, le dice el hombre. Con gran sorpresa, ella le contrainterroga: éste es un transporte ilegal? Está o no autorizado para cubrir la ruta Bogotá – Neiva? “Sí, todo está en orden” contesta el hombre.  A ella le preocupa que varios pasajeros desisten de viajar en dicho vehículo al ver el bus y al saber el valor del tiquete, que sobrepasa el costo de la tarifa normal de las empresas legalmente habilitadas para la prestación del servicio público de transporte terrestre automotor por carretera y que prestan esta ruta.
 
Sin duda, éste es un servicio de transporte no autorizado, es ilegal y no corresponde al procedimiento utilizado en una terminal de transporte sería como lo es la de Bogotá, pensó María, mientras que con temor y con la angustia que implica abordar esta clase de vehículos, pagó y subió al vehículo. Su preocupación era una: llegar a Neiva a ver a su madre, mientras internamente era consciente que esa clase de vehículos no deben ser utilizados bajo ninguna circunstancia.
 
Su temor se hizo más evidente cuando antes de pasar el puesto de control para salir de las instalaciones de La Terminal de Bogotá, el ayudante del conductor con tono suave, pero contundente le dijo a los pasajeros: “si preguntan para dónde vamos, deben decir que a Ibagué, por favor no digan que a Neiva, porque de lo contrario no podemos salir de aquí y ustedes no podrán viajar”. 
 
Los viajeros guardaron absoluto silencio, mientras María sentía que había cometido un gran error y que no debía está allí sentada. No obstante, se limitó a decir en voz alta al ayudante: “no tienen autorizada la ruta, están prestando un servicio ilegal, sólo espero que lleguemos vivos a Neiva”, a la vez que fijaba sus ojos en este hombre, quien después de miraba contrariado y fastidiado, se retiró a la cabina sin replicar nada.
 
Había una circunstancia especial que no entendía María: Cómo podía salir directamente de La Terminal de Transporte de Bogotá el autobús de placa SMB-756 de Fusagasugá, con número interno 6098, presuntamente vinculado a la cooperativa Cootransfusa, en medio de autoridades y de tanta vigilancia, sin que se impidiera la salida de la terminal y sin que hubiera alguna clase de control? Se preguntaba una y otra vez María
 
Sí, ocurrió, pero María no lo podía creer. Ella había abordado un vehículo que prestaba un servicio ilegal y que salía directamente de la Terminal de Transporte de Bogotá, sin que ninguna autoridad interviniera y sin que la persona que estaba en el puesto de control de salida de vehículos de la terminal, verificara el lugar a dónde se dirigía el bus de Cootransfusa.
 
En medio de una constante angustia, ella no logró cerrar ni un instante los ojos en las 6 horas que tardó el viaje Bogotá – Neiva y aseguró que en lo sucesivo y bajo ninguna excusa, volvería a tomar un servicio ilegal de transporte.
 
 



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